Por años, Chihuahua Capital ha enfrentado un problema que miles de ciudadanos padecen todos los días: el crecimiento de la ciudad ya superó la capacidad de su infraestructura vial. Las filas interminables, los tiempos de traslado cada vez más largos y el congestionamiento en el Periférico de la Juventud dejaron de ser una molestia ocasional para convertirse en una realidad cotidiana.
Ante ese panorama, la construcción de Poniente 5 representa mucho más que una nueva vialidad. Es una obra estratégica para el futuro de la ciudad.
De acuerdo con los estudios técnicos presentados por el Gobierno Municipal, el proyecto permitiría reducir alrededor de 4 mil viajes diarios sobre el Periférico de la Juventud, disminuiría en un 15% el flujo vehicular en horas pico, reduciría un 31% la carga vehicular en La Cantera y cerca de un 28.5% el tráfico en Valle Escondido. Son cifras que, de concretarse, significarían menos tiempo perdido en el tráfico, menor consumo de combustible y una mejor calidad de vida para miles de familias.
Sin embargo, como ha ocurrido con otros proyectos de infraestructura, la discusión ha dejado de centrarse en los beneficios para los ciudadanos para convertirse en un escenario de confrontación política.
La fracción parlamentaria de Morena ha manifestado su rechazo al proyecto, argumentando diversas preocupaciones sobre su viabilidad y financiamiento. En toda democracia es válido cuestionar una obra pública; la fiscalización fortalece las instituciones. Lo preocupante sería que el debate se prolongara aun cuando la información técnica solicitada ya fue entregada por el Gobierno Municipal.
Según la administración municipal, el 6 de julio se respondió a todos los requerimientos realizados, entregando estudios, dictámenes y documentación técnica correspondiente. Además, el proyecto no podrá iniciar sin contar previamente con todas las autorizaciones ambientales e hídricas emitidas por las autoridades federales competentes, entre ellas SEMARNAT y CONAGUA.
También es importante desmentir una narrativa que ha circulado con insistencia: Poniente 5 no está diseñada para beneficiar exclusivamente a grandes desarrolladores inmobiliarios. Quienes utilizarán esta infraestructura serán, principalmente, los miles de ciudadanos que diariamente atraviesan el Periférico de la Juventud para llegar a sus trabajos, escuelas o hogares.
En materia financiera, el Municipio sostiene que la deuda asociada al proyecto representa apenas el 0.42% de sus ingresos totales, una proporción que, de acuerdo con la autoridad, no compromete la estabilidad de las finanzas municipales.
Por supuesto, toda obra pública merece vigilancia ciudadana, transparencia y rendición de cuentas. Nadie debería estar por encima del escrutinio público. Pero una cosa es exigir información y otra muy distinta es convertir cada proyecto en una batalla política permanente.
Chihuahua continúa creciendo. Su población aumenta, el parque vehicular también y la infraestructura necesita evolucionar al mismo ritmo. Negarse sistemáticamente a las soluciones únicamente porque provienen del adversario político termina afectando a quienes menos participan en esas disputas: los ciudadanos.
Las grandes ciudades se construyen con visión de largo plazo, no pensando en la próxima elección. La infraestructura permanece durante décadas; las diferencias políticas son pasajeras.
El verdadero debate
La pregunta ya no debería ser si Poniente 5 beneficia o perjudica a un partido político.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad es mucho más sencilla: ¿Chihuahua necesita una solución para mejorar su movilidad?
Si la respuesta es sí, entonces el debate debe centrarse en perfeccionar el proyecto, vigilar su ejecución y garantizar que se realice con total transparencia, no en impedirlo por cálculo político.
Porque al final del día, el tráfico no distingue colores partidistas. Lo padecemos todos.
Poniente 5 no tendría que ser la obra de un gobierno; debería convertirse en una obra para Chihuahua.