Por: Iván Espino
Cuando un servidor público es señalado por ejercer violencia contra una mujer, el problema deja de ser únicamente personal. Se convierte en un asunto político. Porque quienes llegan a los más altos cargos no aparecen por casualidad: fueron promovidos, respaldados y sostenidos por un proyecto de gobierno.
La denuncia contra el exdirector de Pemex por presuntamente agredir a su esposa vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tipo de perfiles ha impulsado Morena durante los últimos años?
Este caso no ocurre en el vacío. Se suma a una larga lista de escándalos que han marcado al oficialismo: acusaciones de corrupción, crisis de inseguridad, señalamientos contra actores políticos por presuntos vínculos con el crimen organizado y ahora un nuevo episodio de presunta violencia de género que golpea el discurso de quienes aseguran representar una transformación ética del país.
Más aún cuando el hoy señalado formó parte del círculo político de quienes hoy ocupan posiciones clave en el gobierno. La cercanía política no implica responsabilidad jurídica, pero sí obliga a una reflexión sobre los criterios con los que se construyen los equipos de poder y sobre la responsabilidad de quienes los impulsan.
No basta con condenar la violencia cuando ya ocupa los titulares. La verdadera congruencia consiste en no tolerarla, minimizarla ni protegerla cuando proviene de los propios.
La próxima administración contará con una Secretaría de las Mujeres. Su mayor reto no será pronunciar discursos, sino demostrar que la defensa de las víctimas está por encima de cualquier partido, cargo o alianza política.
La credibilidad de un gobierno no se mide por sus promesas, sino por la manera en que responde cuando los señalados forman parte de su propio entorno.
Porque la justicia no puede tener colores. Si la exigencia cambia según el partido del acusado, entonces no estamos defendiendo a las víctimas: estamos defendiendo intereses.
Y esa es la pregunta que hoy queda sobre la mesa: ¿la transformación prometida cambió la forma de gobernar o solo cambió el partido que ejerce el poder?