Al poniente de la ciudad de Chihuahua, en terrenos del Ejido Sierra Azul, se encuentra Ojos del Chuvíscar, un sitio arqueológico y natural donde se conservan pinturas rupestres asociadas con grupos humanos que habitaron esta región desde hace aproximadamente dos mil años.
El lugar está formado por abrigos rocosos en cuyos muros aparecen figuras humanas y animales, escenas relacionadas con la cacería, diseños geométricos y otros símbolos. Algunas representaciones corresponden a momentos posteriores al contacto con los españoles, como lo sugieren las cruces presentes entre los motivos.
Su nombre proviene de los antiguos manantiales de los Ojos del Chuvíscar, que durante siglos alimentaron la cabecera del río del mismo nombre. Estas aguas tuvieron especial importancia para Chihuahua: la disponibilidad del río influyó en la elección, en 1709, del sitio donde se estableció la población que daría origen a la actual ciudad.
El paisaje cambió considerablemente durante el siglo XX. A partir de 1968 comenzó la perforación de pozos para incrementar el abastecimiento de agua de la capital, mientras el nivel subterráneo descendió hasta quedar actualmente a más de 150 metros por debajo de la superficie en la zona de los antiguos ojos.
Hoy, Ojos del Chuvíscar reúne arqueología, paisaje e historia en un mismo espacio. Sus pinturas, formaciones rocosas y antiguos manantiales permiten acercarse tanto a las primeras ocupaciones humanas de la región como a la estrecha relación que Chihuahua ha mantenido con el agua desde sus orígenes.