En política, pareciera que nunca hay tiempo suficiente para hablar del presente antes de comenzar a preocuparnos por la siguiente elección. Apenas estamos entrando de lleno en una nueva etapa política y, sin embargo, Chihuahua ya comienza a mirar hacia 2027. Los nombres empiezan a circular, las encuestas aparecen, los posicionamientos se intensifican y las conversaciones políticas comienzan a girar alrededor de una sola pregunta ¿quién será el próximo candidato?
Pero quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. Esta semana, con el inicio de un nuevo periodo legislativo y con el ambiente político cada vez más marcado por la cercanía de las elecciones de 2027, resulta evidente que la competencia electoral ya comenzó, aunque todavía falte tiempo para las campañas. Y no es extraño, la política tiene sus propios tiempos y quienes aspiramos, participamos o simplemente observamos la vida pública sabemos que las decisiones que se tomarán en los próximos meses comenzarán a definir el rumbo de nuestro estado.
Sin embargo, antes de preguntarnos quién quiere gobernar Chihuahua, deberíamos estar preguntándonos algo mucho más importante: ¿qué Chihuahua queremos construir?
Porque un nombre no es un proyecto. Una candidatura no es una visión de futuro. Y ganar una elección no garantiza, por sí mismo, saber hacia dónde llevar a un estado.
Chihuahua tiene retos demasiado importantes como para reducir la conversación política a encuestas, fotografías, posicionamientos personales y cálculos electorales. Tenemos que hablar de seguridad, de desarrollo económico, de oportunidades para nuestros jóvenes, de las mujeres, del campo, del agua, de nuestra frontera y de las enormes diferencias que existen entre las realidades de nuestras regiones.
Tenemos que preguntarnos qué oportunidades tendrá un joven que hoy está decidiendo si estudiar, trabajar o abandonar su comunidad. Tenemos que pensar en el Chihuahua que queremos dejar a las próximas generaciones y en cómo construir un estado competitivo sin abandonar a quienes históricamente han tenido menos oportunidades.
Ese debería ser el verdadero debate rumbo a 2027. Y desde ahí también tenemos que hablar con claridad sobre los proyectos políticos que estarán en juego.
Chihuahua no necesita una política que venga a decirnos desde una narrativa nacional cómo debemos pensar, qué debemos creer o cuál es la única manera correcta de entender la realidad. Chihuahua tiene identidad, carácter y una historia propia. Por eso considero que Morena representa un proyecto que difícilmente
entiende lo que este estado necesita cuando privilegia la imposición de una narrativa partidista sobre la construcción de acuerdos y soluciones cercanas a la realidad de las personas.
El problema no es únicamente que Morena quiera ganar Chihuahua. Todos los partidos quieren ganar elecciones; esa es parte de la democracia. El problema aparece cuando el objetivo de ganar se vuelve más importante que el propósito de gobernar, cuando la narrativa importa más que los resultados y cuando se pretende dividir la realidad entre quienes están “del lado correcto” y quienes simplemente son adversarios a los que hay que descalificar.
Chihuahua necesita algo distinto. Necesita gobiernos que escuchen antes de imponer. Que construyan antes de confrontar. Que entiendan que gobernar no significa repetir un discurso, sino resolver problemas. Y eso también representa una responsabilidad enorme para quienes creemos en Acción Nacional.
Ser panista no debería significar pensar que tenemos garantizada la confianza de los chihuahuenses simplemente porque representamos una alternativa frente a Morena. La confianza ciudadana no se hereda, no se presume y mucho menos se exige: se construye todos los días.
El PAN tiene que llegar a 2027 con algo más importante que buenos candidatos. Tiene que llegar con claridad sobre el futuro que quiere construir. Tiene que demostrar que entiende las preocupaciones de una nueva generación, que sabe escuchar a quienes hoy se sienten alejados de la política y que está dispuesto a abrir espacios reales para nuevas voces.
Porque los jóvenes, por ejemplo, no podemos seguir apareciendo únicamente en las fotografías de campaña o como una cuota generacional. Queremos participar en la construcción de las decisiones. Queremos discutir ideas, proponer soluciones y ser parte del presente, no solamente de las promesas sobre el futuro.
Tal vez por eso la pregunta más importante rumbo a 2027 no sea quién encabeza las encuestas ni quién aparece con mayor frecuencia en los eventos políticos. La verdadera pregunta es quién está dispuesto a hablar seriamente del Chihuahua que viene.
¿Queremos un estado que siga creciendo y generando oportunidades? ¿Queremos instituciones fuertes? ¿Queremos gobiernos cercanos? ¿Queremos una política capaz de construir acuerdos sin renunciar a sus principios? ¿Queremos que nuestros jóvenes encuentren razones para quedarse y construir aquí su vida?
Entonces comencemos a hablar de eso.
Habrá tiempo para las candidaturas. Habrá tiempo para las campañas, los discursos y las boletas electorales. Pero si esperamos hasta entonces para discutir el futuro de Chihuahua, probablemente llegaremos demasiado tarde.
El 2027 no debería comenzar con la pregunta de quién quiere el poder. Debería comenzar con una pregunta mucho más profunda y mucho más exigente: ¿Quién tiene una visión suficientemente grande para construir el Chihuahua que todavía no existe?
Nos leemos la próxima semana. Siempre vale la pena construir.